Ante el clamor de las ciudades invisibles pero no me refiero a aquellas que tan bellamente han narrado la literatura., sino a esas que si existe en la realidad.
Ciudades sujetan a los cartones, al vaivén del viento implacable, a la tierra que imponentemente grita anunciando su próximo deslizamiento pero que se aferra cual madre a su hijo muerto, entrañando fuerzas para no dejarse ir y llevar consigo casas hechas de retazos, jardines que llegan hasta la sala y sostienen filas de ropa extendida, techos que sirven de patio, de tendedero, de sitio para arrumar los chécheres y con ellos sostener las desgastadas latas de zinc.
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